domingo, 30 de mayo de 2010

No eres real

-->
 “Hey… Hey…”
El duendecillo había vuelto a aparecer.
“¡HEY! ¿Me estás ignorando? ¿Qué pretendes?”
Y continuó ignorándolo.
“Sabes que me escuchas, no te hagas el sordo”
El duendecillo se estaba enojando, o al menos, lo intentaba. No era bueno enojándose.
– No te escucho.
“Curioso, siempre terminas contestándome, pero si dices que no me escuchas no me importa… siempre y cuando me respondas”
– No te escucho.
Esperaba que repitiéndolo una y otra vez pudiera terminar por creérselo. No funcionaba mucho.
“¿Estás seguro? ¿Por qué no me escuchas?... O mejor aún ¿Por qué no quieres creer que me escuchas?”
– Déjame en paz.
El duendecillo sonreía. Casi siempre lo hacía.
– Eres un invento mío, estás en mi cabeza y por eso no existes. No eres real.
“¿No? Si no soy real, ¿Cómo es que me puedes oír?”
– No te oigo.
“¿Estás seguro?”
Lo dudó, por un segundo, pero lo hizo. Y eso marcó el triunfo para el duendecillo quien ahora celebraba entre silbidos y saltos.
“Hey… Hey…”
– ¿Y ahora qué quieres?
“¿Te cuento un secreto?”
–No puedes contarme secretos.
“¿Por qué no?”
Al duendecillo le gustaba contar secretos. Cuando no había secretos que contar, los inventaba.
– Porque tú eres un invento mío, ya te lo dije, no sabes nada que yo no sepa ya.
“Ah… Entonces, ¿Te puedo contar un secreto?”
Si el duendecillo nunca se rendía, hoy no empezaría.
–Te digo que entre tú y yo no puede haber secretos.
“¿Apostamos?”
Sonreía, y ahí estaba el destello socarrón en su mirada, la mirada de alguien que se sabe invicto.
– Me dices tu secreto y te callas ¿Estamos?
“Estamos…”
Y se quedó callado.
“Hey… Hey…”
Ahí iba de nuevo.
– ¿Qué pasó?
Las cosas se hacían como el duendecillo quería. Su condición de ‘inexistente’ era relativamente cuestionada en esos momentos.
“¿Te cuento un secreto?”
– Cuéntame.
“Pero no le digas a nadie, ¿Lo prometes?”
– Lo prometo.
“Eso que llamas ‘realidad’ es una mentira, no existe. Como yo”.
Y estalló en risas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario