lunes, 12 de febrero de 2018

Catch me if you can

Amor, si me alcanzas, soy tuya.
Si no, sigue intentando. Quizá algún día lo logres.
Quizá algún día deje que lo hagas.
Mientras tanto, corre
que yo llevo la ventaja.
Amor, si me alcanzas, soy tuya
pero aguarda un momento, no te precipites
tómalo con calma,
que para amar tengo una vida,
y  no quiero hacerlo todavía.
Si llegase a amar, lo haría perdidamente.
Echaría todo por la borda, pondría al mundo de cabeza.
            Estoy segura que lo haría. Pero no, aún no.
Amor, si me alcanzas, soy tuya.
Mientras tanto, déjame reír, jugar, vivir, divertirme,
déjame ser ajena a ti,
que así como soy no tengo problema,
            inocente, ingenua, ilusa,
                        y nada de corazones rotos,
                                   como me gusta.
Amor, si me alcanzas, que sea una tarde
la manera en que lo hagas, la dejo a tu criterio,
pero no te emociones, no olvides que te llevo la ventaja.

Amor, si me alcanzas, ¿Qué sucedería?
Oh, no, mejor no lo imaginemos,

sorprendámonos el uno al otro.
...

Publicado en el blog Verba volant, scripta manent con motivo del día de San Valentín en febrero de 2011. Hoy me ganó las nostalgia y decidí que quería verlo en este blog también.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Belleza Cruel: Reseña


Título: Belleza Cruel
Título original: Cruel Beauty
Autora: Rosamund Hodge
Saga: Autoconclusivo, si bien existe un segundo libro ambientado en el mismo universo: Gilded Ashes (basado en el cuento de Cenicienta).
Editorial: Ediciones Kiwi / Kindle
No. de páginas: 346
Año de publicación: 2014

Belleza cruel es un retelling de la historia de la Bella y la Bestia.

Sinopsis:
Desde su nacimiento, Nyx ha sido prometida al malvado gobernante de su reino —todo por un trato temerario de su padre. Desde entonces han estado entrenándola para matarlo. Traicionada por su familia y obligada a obedecerla, Nyx clama contra su destino. En su decimoséptimo cumpleaños abandona todo lo que conoce para casarse con el todopoderoso e inmortal Ignifex. ¿Su plan? Seducirlo, desarmarlo y romper la maldición que pesa sobre su pueblo desde hace novecientos años. Pero Ignifex no es lo que Nyx esperaba. Su encanto, la seducción, y su castillo —un mágico laberinto de habitaciones en movimiento—, la tienen cautiva. Mientras Nyx busca una forma de liberar a su pueblo descubriendo los secretos de Ignifex, se sentirá involuntariamente atraída por él. Aun atreviéndose a amar a su enemigo, ¿cómo negar su deber de matarlo?

Una consideración al leer este libro es que es una versión oscura del cuento de hadas. Aquí los protagonistas están irreparablemente dañados, lo saben y están convencidos de que no tendrán su “final feliz”. Durante el inicio y el nudo de la historia prácticamente ni siquiera lo intentan. Pero siempre hay un roto para un descosido ¿no? Están convencidos de que no merecen ser felices, por más que secretamente lo deseen. No es tu típica historia de corazones puros que todo lo conquistan.

Nyx es una chica con una misión, que básicamente consiste en morir para pagar los platos rotos de las decisiones imprudentes de su padre. Y salvar a todo el reino de ser acechado por los demonios. Nyx está determinada a cumplir su propósito, al precio que sea. Eso se ha convertido en su motivo para existir, pues realmente el único otro que podría tener era el de salvar a su hermana melliza, a quien a ratos odia y a ratos ama. Nyx creció sabiendo desde una tierna edad que iba a morir por el bien mayor y nadie se molestó en hacerla sentir querida. Si bien es un contexto bastante triste, esto me lo hizo más real, no hubo pretensiones ni demostraciones hipócritas de afecto. Nyx los odia a todos, especialmente a su familia; pero se odia a sí misma más que a nadie. Porque conoce lo que hay en su corazón.

Ignifex es el Señor Bondadoso, no es un rey como tal, pero es algo muy parecido. El pueblo le paga tributo para que mantenga a los demonios a raya, aunque a veces se le escapen y atormenten a los habitantes. Es una criatura condenadamente hermosa y cruel. Pero no podemos calificarlo como injusto. Pues hay un precio para todo. Es una especie de “diablo” a quien algunos individuos acuden para establecer tratos (deseos que no tienen el poder de realizar, envueltos en calamidades). A lo largo de la historia llegamos a conocerlo mejor. Él ha sido uno de los personajes que más he disfrutado. Divertido y peligroso.

Sombra es otro personaje con peso en la historia, y como es un misterio, lo dejaremos así.

Es una lectura ligera para pasar el rato, pero nada más. No hay nada extraordinario. El final deja mucho que desear, con un giro que se veía venir (que en el fondo deseaba que no pasara, pues me molesta cuando los autores usan esa técnica para terminar sus historias).

Lo rescatable, a mi parecer, fue que a ratos creí ver un reflejo de mi propia oscuridad, algo que me pareció emocionante. Era una probadita de mi humanidad, de la de todos, tejida en los personajes. Porque todos tenemos algo oscuro por dentro y Nyx lo acepta, se acepta a sí misma; aunque las cosas le gustarían de otro modo, sabe que no son así y que hay detalles más importantes que su amor propio, como salvar a su pueblo, por ejemplo. Es más bien una tragedia heroica, aunque si el final es o no trágico, quedará a tu criterio.

Belleza Cruel es la historia de personajes que viven atormentados por sus debilidades y el precio que han tenido que pagar por no saber enfrentarlas. ¿Deberías leerlo? Podrías darle una oportunidad sólo si te gustan los retellings de la Bella y la Bestia, si no es el caso, busca alguna otra historia.

Te dejo los links donde puedes adquirir una copia:

miércoles, 11 de octubre de 2017

Mi experiencia leyendo Canción de Hielo y Fuego (Juego de Tronos)

Esto no es una reseña. Ya hay incontables reseñas sobre Canción de Hielo y Fuego en internet. Esto que escribo es mi experiencia leyendo la serie. Y el caos que es mi vida luego de haber leído los cinco libros publicados. Todo el texto es libre de spoilers.

Lo primero que tienes que saber es que amo la serie de HBO y que me había prometido que nunca, nunca leería los libros porque:
#1. ¡Son larguísimos!
#2. La serie es suficiente para mí, puedo esperar.

Al término de la séptima temporada mi reacción fue: “No puedo con esto. No puedo esperar. Necesito más.” Y así fue como empecé con los libros.

Según mi experiencia, les aconsejo ver primero la serie y después leer los libros, en primera porque es un universo muy vasto, con una variedad impresionante de personajes y lugares diferentes; en segunda porque personalmente es más fácil para mí desarrollar empatía hacia los personajes una vez les he puesto voz y rostro, especialmente la parte de la voz. En tercera, y quizá más importante: porque te permite poner más atención a los detalles.

A pesar de manejar tantos personajes diferentes, la prosa no es rebuscada y el autor suele darte los detalles precisos para que recuerdes a los personajes que ya habías leído, sin caer en los excesos, justo el balance adecuado para que tú solo ates los cabos.

Valar morghulis. Los personajes caen como moscas en la serie, y caen como moscas en los libros. Esa parte se mantiene fiel. Aunque me llevé la sorpresa de que personajes que murieron en la serie, se mantienen con vida en los libros y viceversa. Que existen más personajes en los libros que en la serie y que a causa de esto los destinos de ciertos personajes han sufrido una especie de “fusión”. Nada de eso me molestó pero estén preparados.

Si bien los hechos de los primeros dos libros son en su mayoría respetados en la serie, a partir del tercer libro el apego es mucho menor por parte de la serie de HBO, aunque conserva la esencia deliciosamente. Es importante recordar que la serie ha aventajado bastante a los libros.

Canción de Hielo y Fuego es una lectura extensa, nadie lo niega; no obstante, las hojas pasan rápido y no resulta tediosa. Algo que me pareció fabuloso fue la forma en la que están redactados los capítulos, en tercera persona pero desde el punto de vista de un personaje en particular, por lo que sólo sabes lo que ese personaje sabe. Inevitablemente te encariñas con unos más que con otros. Estos fueron mis favoritos:
Juego de Tronos: Amé a Jon, Tyrion, Arya y Daenerys (sin orden en particular). Detesto los puntos de vista de Theon y de Catelyn, son personajes que a nivel personal no me gustan (me esforcé, créanme, pero no sucedió). Sansa tampoco me gustó mucho, pero es una niña, así que la comprendo y no la juzgo, su personalidad la hace más creíble.
Choque de Reyes: Se mantiene igual que el libro anterior, sumándole a Bran a los capítulos que disfruté.
Tormenta de Espadas: Jon, Tyrion, Arya, Daenerys, Jaime (este fue inesperado, pero creo que es uno de los personajes que más desarrollo ha tenido), Davos, Bran. Por su parte, Catelyn y Sansa siguen sin entusiasmarme mucho.
Festín de Cuervos y Danza de Dragones (sigan el orden de lectura recomendada): Aquí entran más puntos de vista pero los capítulos tienen títulos en lugar del nombre del personaje que lo narra, lo que resulta ser un toque fresco. Los mejores fueron Tyrion, Jon, Arya, Daenerys, Brienne, Davos, Samwell, Jaime. Theon sigue siendo un personaje débil, pero los sucesos a su alrededor son interesantes, por eso me sorprendí esperando sus capítulos. Cersei no me gustó, a ella la prefiero en la serie, donde la puedo ver full bitch mode, sin leer sus pensamientos.

Después de ver la serie de HBO, a esa altura de la historia, las mujeres son líderes a la hora de participar en el Juego de Tronos. Personajes empoderados, que no titubean a la hora de actuar, en contextos llenos de acción. Hasta ahorita, en los libros es un poco diferente, los personajes femeninos siguen ahí, con todo su potencial; pero el juego de tronos aún está dominado por los caballeros. ¿Podrá cambiar esa tendencia? Probablemente sí, o probablemente se quede así. Estoy consciente de que si nos apegamos al contexto medieval, las mujeres no destacaban realmente. Con tantas teorías, tantas posibles tramas, no me atrevo a hacer pronósticos. Lo que sí es un hecho, es que esta es una de las historias mejor contadas, llena de personajes exquisitos, con una riqueza maravillosa en cuanto a su trama.

Cuando leo, acostumbro conservar las frases que más me gustan y eso lo hice con los primeros dos libros. Sin embargo, en las siguientes entregas hubo diálogos, páginas enteras, llenas de ingenio que me hicieron reír, renegar, admirar. Esas no las anoté, porque siento que requieren más contexto de lo usual para disfrutarlas.

Obviamente, el último libro termina en no uno, sino muchos cliffhangers monumentales. Y estoy casi segura de que si George R. R. Martin no ha tenido a bien deleitarnos con un nuevo libro desde el 2011 es porque no tiene ni bendita idea de cómo arreglar el glorioso desmadre que dejó con sus últimas dos entregas.

¿Deberías leer la saga de Canción de Hielo y Fuego? La respuesta es Sí. Son libros de talla épica.  Y te los mereces. Mereces disfrutar de una historia como esa. Tómalo de voz de alguien que prometió no leerlos y confieso que ha sido una de las mejores experiencias que he tenido como lector.

Te dejo los links donde puedes adquirir Juego de Tronos, el primer libro de la saga.

jueves, 2 de febrero de 2012

La Princesa


Eres una princesa. Decía mientras sonreía con aquellos dientes amarillos que tanto asco le daban.
En un principio se había creído eso, y fue eso lo que la condenó por el resto de su vida. Aún se arrepiente por haberse dejado convencer, no vio las intenciones detrás de las palabras dulces.
                Las oscuras intenciones.

                               Ella no era una princesa.
        Una princesa no estaba amarrada a una silla.

Era la esclava. Un rehén sin oferta de rescate.
                                                               De ese psicópata.

martes, 22 de febrero de 2011

¿Y qué?

¿Y qué si era una inútil? Todo era culpa de él. Él que le infundía miedos, él que la perseguía con sus palabras filosas e hirientes. Por temor a sus reproches ella era como era: sumisa, callada, retraída, muda. Le había aguantado tantas cosas, tantos desplantes y malos tratos. ¿Qué podía hacer? Era ella sola contra el mundo, contra la sociedad donde los hombres dictaban leyes no escritas. Seguro había más mujeres como ella. Debía de haberlas. Pero no las conocía, nadie lo hacía. Sus pensamientos eran un secreto que ni después de la tumba llegaría a oídos ajenos. No, toda ella, emociones y sueños, estaba encerrada en un cofre bajo llave.
       Ahí iban otra vez.
La figura de su marido se erguía imponente sobre la frágil de ella. Ella tenía miedo, y resignación. Ya no albergaba su corazón esperanza alguna de recibir etéreas muestras de afecto. Después de tantos años de llevar aquélla austera sortija de oro en su dedo, ¿cuántos eran ya? Él seguro que no lo recordaba, él había dejado de contar después de la segunda década. Para ella era difícil no olvidar la cuenta, la cifra llegaba sola a su mente, recordándole que su vida drenaba con cada día, que cada vez era más vieja. Que con cada nueva mañana sus oportunidades de salir corriendo eran cada vez más un imposible. A la hora de la comida miraba con nostalgia la mesa, miraba asqueada a la falta de conversación y al infernal ruido que hacían los cubiertos. Casi nunca comían juntos, ella esperaba a que él terminada y estuviera satisfecho, que nunca algo le faltara. Mientras lo veía comer, recordaba los viejos tiempos en los que ella era una jovencita y tenía a sus cuatro hijos en casa. Él casi nunca estaba, marchaba al ferrocarril a ganar el dinero para mantener a la familia. La mujer recordó el alboroto que hacían sus hijos al comer, las risas, el recuento de lo sucedido en el día, hasta las peleas entre los infantes se le antojaban tan lejanas. Cómo echaba de menos todo lo que ya había pasado y ahora estaba fuera de su alcance. El peso de los años hacía que todos aquellos recuerdos fueran como un sueño borroso, distante y difuso. Él terminaba la comida, dejaba el plato en la mesa, y sin decir nada, se iba a algún lado: la recámara, el patio, la sala o algún otro. Y ella se quedaba sola de nuevo. Levantaba el plato, lo enjuagaba y se sentaba a comer, terminaba su comida, levantaba el plato, lo enjuagaba y hacía lo que tuviera pendiente de los quehaceres, el trabajo en una casa tan grande nunca cesaba. Era ella contra el paso del tiempo y el polvo que se acumulaba en los rincones. Siempre ella contra algo. Siempre ella, sola. Por la noche ella seguía entregada a sus labores como ama de casa esperando, vanamente, ofrecerle algo de distracción a su mente, descanso a su tormento. Los resultados eran cada vez menos efectivos. Quizás era culpa de la vejez. Ya no era lo mismo, los recuerdos se apilaban unos contra otros, formados en línea, esperando el turno para pasearse por su cabeza.
Es entonces que él sale de la habitación que comparten desde hace tanto, se le acerca medio arisco y arroja el ofrecimiento al aire, más como parte del compromiso que otra cosa.
— ¿No quieres ver la televisión?
— Voy en un rato más.
Y él ya no volvía a insistir. Ella termina por olvidar la invitación y él no llama de nuevo. Sin embargo, cuando ella entra a la recámara, él le hace un espacio en la cama, en un torpe movimiento le arregla las sábanas y coloca la almohada como a ella le gusta. Ella sonríe como en antaño... Eso había sido, gestos como esos eran los que le recordaban el por qué se había casado. No siempre eran suficientes para seguir, pero al menos eran mejor que nada.

Aún lo amaba. 
No conocía un querer diferente que el que le enseñó la costumbre. 
¿Y qué si era una tonta?

domingo, 30 de mayo de 2010

Libertad

“Libertad” Es la palabra que ronda por mi mente y me atormenta día tras día. ¿Qué es la libertad? ¿Cómo se siente? Yo no lo sé ¿Lo sabes tú?

Soy prisionera de esta torre desde que tengo memoria, soy una princesa cautiva que espera a un príncipe que la rescate. Pero mi salvador parece no llegar ¿Qué estará haciendo?

“Libertad” ¿A qué sabrá esa palabra? Cuando estoy aburrida –casi todo el tiempo me gusta imaginar su sabor ¿Será salado? ¿Ácido? ¿Picante? ¿Amargo? ¿Dulce? Me gusta creer que es dulcemente amarga.

Los días pasan y pasan, mi cautiverio continúa y yo sigo sin ver el fin a mi tiempo de prisión…

Hoy ha sido un día diferente, incluso yo me siento diferente, no sé, nunca había sentido esto antes, este extraño sentimiento comenzó hoy por la mañana desde que un pequeño pajarito entró por la ventana de mi torre. Al principio sentí un poco de lástima por él, una vez que entras aquí jamás puedes salir a menos que alguien venga a rescatarte; después me sentí un poco culpable porque en el fondo me alegró saber que tendría compañía. Pero lo que sucedió después realmente me sacó de mis casillas. El ave desplegó sus alas y como si fuera lo más natural del mundo emprendió el vuelo y salió por la ventana.

¿Por qué él sí logró salir? ¿Por qué sigo yo aquí? ¿Por qué él es libre?
Y como si fuera una revelación unas palabras cruzaron por mi mente y me dejaron en shock:
“Porque él realmente intentó salir sin importarle nada más. Él sólo quería salir.”

Mis ojos se dirigen hacia la puerta…

¿Podré abrirla? La duda se apodera de mi ser.

“…intentó salir sin importarle nada más…”

¡Al diablo con mis miedos! Ya he temido por mucho tiempo, ¡Es suficiente!
Camino hacia la puerta, tomo la perilla con mi mano. Mi respiración se acelera. Estoy a un giro de la libertad. A un solo movimiento.

Giro la perilla…

¿Qué es la libertad? ¿Cómo se siente? Ahora lo sé ¿Lo sabes tú?

Luces de Colores

Está oscuro ¿Dónde demonios estoy?... No tengo ni la menor idea…
Trato de recordar, muchas imágenes vienen hacia mí: un grito de mujer, una sensación de parálisis total, una luz y el sonido de algo que se rompía… y frío, mucho frío. La oscuridad se aclara un poco, ¿Qué es eso? ¿Un accidente? Sí, eso es, hay muchas personas alrededor y unas mujeres lloran.

– Pero es que yo lo vi, grité, pero él ya no reaccionó a tiempo – Lloraba una mujer mientras otras trataban de consolarla.

Me acerco un poco más hacia donde estaba el cuerpo, los paramédicos alejan a la gente, dijeron algo parecido a que ya no se podía hacer nada por el chico del accidente. A lo lejos distingo a mi hermana.

– ¡Marianne! ¡Aquí estoy! – Grito con todas mis fuerzas y exagero algunos movimientos para que me vea, pero no lo hace. Ahora me fijo bien, está llorando – ¿Marianne? ¿Qué sucede? – Pregunto temeroso al ver las lágrimas deslizándose por su rostro, pero no me escucha. Me acerco lentamente, con miedo. Mi hermana está llorando sobre el cadáver… Y grita mi nombre…

Veo mi rostro en el rostro del desdichado que murió ¡Soy yo! ¡Yo soy el muerto! No puede ser, esto no está pasando.

– Esto sí está pasando, de hecho, ya pasó – Dijo una suave voz. Volteo, a mi lado está una hermosa joven, toda vestida de negro, hay algo parecido a unas luces de colores a su alrededor, es hermosa, no sé cómo describirla. No encuentro palabras, y sus ojos, sus ojos parecen tener todos los colores, y también parecen no tener ninguno.
– Tengo que volver – Digo más para mí que para la joven, corro hasta donde yace mi cuerpo inerte y salto, esperando que mi alma entre en él, pero no, tan sólo quedé como el idiota que era, un idiota que se había tirado a propósito y ahora estaba en el piso. La chica continúa viéndome ¿Curiosa?
– ¿Por qué hiciste eso? – Me preguntó con una curiosidad desbordante mientras yo me levantaba.
– Porque quiero regresar a mi cuerpo ¡Tengo que recuperar mi vida! ¡Marianne me necesita!
– Imposible.
– ¿Qué dices?
– Imposible – Repitió serenamente.
– ¿Cómo estás tan segura?
– He visto a muchos hacer lo mismo que tú, nadie lo ha logrado. No hay errores respecto a la muerte, ella nunca se equivoca – Su voz permanecía tranquila, imperturbable.

Siento como si mis piernas no pudieran sostenerme más, caigo de rodillas, me siento frustrado, aprieto con fuerza mis puños contra el frío pavimento de la calle, tan llena y tan vacía a la vez. La desesperación se lee en mi rostro y la joven logró verla, se arrodilló a mi lado, yo seguía junto a mi hermana y mi cadáver… Mi cadáver, jamás imaginé que algún día diría eso.
– No te aferres más a una existencia que ya no tienes – Me dijo dulce y severamente.
– Entonces ¿Qué hago? – Pregunté desesperado.
– Ven, sígueme.
– ¿Adónde?
– Al único lugar al que puedes ir ahora, algunos humanos gustan llamarlo “Cielo”, “El más allá”, aunque tan sólo sea otro lugar.

Me quedé estático y en ese momento presté atención a las luces de diferentes colores que revoloteaban alrededor de la joven, parecían pequeñas luciérnagas.

– ¿Y bien? – Me preguntó algo impaciente la chica, mientras mantenía una ceja alzada – ¿Qué estás esperando?
– ¿Para qué?
– Para transformar la forma de tu alma – Dijo señalando una de las lucecitas que revoloteaban a su alrededor.
– ¿Y cómo hago eso? – Pregunté dubitativo.
– ¿Cómo voy a saberlo? Se supone que eres un espíritu, tú debes de saberlo – La chica estaba perdiendo la paciencia – Date prisa, no tenemos tiempo ¿Sabes?, hay más almas que recoger.

Una de las luces de colores se acercó al oído de la joven, la muchacha asintió y la luz rosa se acercó a mí, retrocedí un poco.

– No tengas miedo – Una dulce voz de mujer resonó en el viento – Relájate, olvida todo y piensa en un color.
– ¿Qué color? – Le pregunté.
– El que llegue primero a tu mente – Dicho esto, la luz regresó a  ocupar su lugar en el grupo.

Sin saber cómo, hice lo que la luz había dicho, cerré los ojos y visualicé un color. Verde. Verde, como las plantas favoritas de mamá, verde, como mis manzanas preferidas y verde… como el color de los ojos de Marianne.

Me sentí bastante ligero y hasta cierto punto, libre. Ahora era una luz como las otras, me uní al grupo. La dama de negro sonrió.

– Lindo color – Murmuró – Tu alma es verde.

La joven comenzó a caminar, mirando siempre hacia el frente, el semblante sereno y la mirada llena de paz.

– ¿Cómo te llamas? – Dije cerca de su oído.
– Tengo muchos nombres, en tu país me llaman Muerte – Me contestó tranquilamente.
– Ah, yo soy Gabriel – Me presenté, ella asintió lentamente y mantuvo la mirada al frente, continuó guiando a las luces de colores hacia ese otro lugar al que debían ir, como seguramente lo había hecho antes, como lo hacía ahora y como lo haría eternamente… Por siempre.