sábado, 20 de febrero de 2010

Sus princesas

Para Juan, el rey de este cuento.

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Vacaciones, en tiempo en el que la familia se reúne el tiempo en el que se ven las caras de nuevo, el tiempo en el que crean nuevos recuerdos. 

Juan adoraba las vacaciones, hacía muchos años que creyó haber vivido lo suficiente, y hacía unos pocos que había descubierto que se había equivocado. La vida no se acaba hasta que se acaba. Juan tenía ochenta y tantos años, casi noventa. Tenía una buena esposa, Elisa; hijos, nietos y bisnietos. Y entre sus bisnietos había dos pequeñas niñas, dos que hacían a su corazón saltar de alegría. No podía evitarlo, de entre toda su descendencia había algo en esas pequeñas, una chispa en esos ojos de mirada traviesa, algo que daba más color a los días. Juan esperaba ansioso la llegada de las niñas, que vivían muy lejos, al menos para él. Sólo podía verlas en vacaciones, cuando sus padres no trabajaban. Por esos días de verano Juan pasaba más tiempo sentado en la sala, con la vista fija en la puerta, esperando, pacientemente esperando. Esperaba a que la alegría llamara a su puerta.
– ¡Abuelito! ¡Abuelito! ¡Aquí estamos! – Se oyeron unas infantiles voces. Juan casi saltó del sofá. En el marco de la puerta, a través de la malla negra, distinguió las siluetas de sus dos bellas pequeñas de 3 y 5 años y a toda la velocidad que sus rodillas le permitieron se acercó a abrir la puerta.
– ¡Abuelito! – Exclamaron las niñas y se abalanzaron sobre su bisabuelo.
– ¡Elisa! – Llamó el anciano a su esposa – ¡Ya llegaron mis princesas!
Sí, esas niñas eran sus princesas. Ellas fueron la bendición que le devolvió la vitalidad a su corazón, eran las princesas de sus dominios, desde el árbol de limones y la vieja pingüica hasta el naranjo que estaba al doblar la esquina; juntos derrotaron al dragón de la edad, juntos conquistaron la alegría de la vida. 

lunes, 8 de febrero de 2010

Sólo quiero verte sonreír

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Para Phillipe, y todas las personas como él, que sepan que no están solos.


Sólo quiero verte sonreír

Tan sólo tengo esa sensación, como si estuviera roto ¿Sabes a lo que me refiero? Bueno, no sé si sepas o no. Yo creo que estoy roto, pero no estoy seguro. ¿Hay alguna forma de comprobarlo? Qué sé yo, alguna radiografía de corazón o un ultrasonido o alguna resonancia magnética. Algo que me diga qué es lo que pasa conmigo.

Me siento extraño, me miro en el espejo y me pregunto “¿Ese soy yo?” Me veo tan distante, tan “no aquí”. Por eso creo que estoy roto, como cuando de niño se rompe tu juguete favorito y mamá lo repara con cinta adhesiva o pegamento, pero sabes que ya no es el mismo. Yo sé que ya no soy el mismo. Y creo que sé quién tiene la culpa. La culpa es tuya, sí tuya, o tal vez de él. Ustedes rompieron mi corazón. Yo te amaba, te amo. Pero tú no me quieres, no me quieres ni me querrás, porque ya lo quieres a él, a otro.

Me enamoré de ti en el primer instante en el que te vi. Una sola mirada fue suficiente para no poder sacarte de mi mente. Tú no me conocías, yo tampoco te conocía, ni siquiera hablábamos el mismo idioma; pero eso no me detuvo, hice todo lo posible por acercarme a ti. El destino permitió que nos viéramos de nuevo, yo te seguí buscando. Cada vez que te veía mi corazón palpitaba con más fuerzas, cada vez que me mirabas yo no podía evitar perderme en tus ojos avellana, con tu inocencia te metiste en mi corazón, cuando menos me di cuenta tú ya eras la persona con la que yo deseaba pasar el resto de mis días. Tú me acercaste a mi familia, me enseñaste a confiar en los demás, por ti yo me convertí en una mejor persona. Cada vez que sonreías me sentía el hombre más dichoso del planeta, me enamoré de ti. Fue algo tan repentino que la verdad no sabía cómo interpretar mis sentimientos. Fui calculador, lo admito. Me acerqué a ti, me aseguré de verte todos los días, de apoyarte, de estar siempre a tu lado, incluso conseguí que trabajaras en la misma empresa que yo. Todo con la única meta de que siempre te mantuvieras a mi lado, donde mis ojos pudieran verte.

Pero la vida es cruel y no siempre puedes obtener lo que quieres. Yo simplemente no podía tenerte a ti. Cruel es en verdad lo que me has hecho, “crueldad” es la palabra que mejor describe mi pena. En mi obsesión por tenerte te acerqué al hombre que arrebató todas las posibilidades de que me amaras algún día. Te entregué a mi mejor amigo. Tú lo amabas, él te amaba ¿Qué posibilidades podría tener yo? Él ya tenía un lugar en tu corazón, en tu vida, en tu pasado; mientras que yo, yo formaba parte de tu reciente presente. Él ciertamente tenía el talento, el dinero, la familia que yo no tenía. Jamás sentí celos hacia él, él era la persona a la que yo más admiraba, podía soportar vivir bajo su sombra… hasta que te conocí, hasta que te conocí y tú fuiste para él. Ustedes comenzaron a salir, yo me hice a un lado después de confesarte mis sentimientos y ser rechazado por ti. Ese día quedó grabado en mi memoria, fue un día de primavera, el día más frío de todas las primaveras e inviernos que he vivido, eras tan dulce, no sabías cómo negar mi propuesta. Para ti yo sólo fui, soy y seré un amigo.

Te amo tanto. Ni siquiera importa si estás al lado de otro, no me importa si tus sonrisas son para él. Lo único que me importa es ver tu sonrisa. Tu radiante sonrisa. Ya no importa si sólo soy tu amigo. ¿Sabes algo? En mi plan, se suponía que me convertiría en la persona con la que pudieras contar para todo. Lo gracioso del asunto es que terminé siendo una especie de ángel guardián para ti. Él te hizo llorar, el desgraciado se atrevió a borrar la sonrisa de su rostro, mas yo nunca me alejé de ti, cada vez que te veía llorar sentía mi corazón ser atravesado por cientos de espinas. Si él te hacía llorar, yo me encargaría de volver a dibujar la radiante sonrisa de tu rostro las veces que fuera necesario.

Él no era del todo culpable de lo que te pasaba, yo lo sabía, y aún así no podía evitar sentir rabia cada vez que lo veía, pero siempre me contuve, porque sólo él te hacía sonreír como nadie. Cuando estabas junto a él, tu sonrisa, no, todo tu ser irradiaba felicidad.

Nadie te hace sufrir como él, pero también estoy seguro que nadie te hará tan feliz como él, ni siquiera yo. Yo soy testigo de que los dos lloraron por una serie de absurdos y retorcidos malentendidos.

¿Por qué? ¿Por qué tienes que amarlo a él? ¿Por qué no puedo ser yo? En secreto sigo intentando que te fijes en mí. Aún tengo la esperanza. Pero no soy capaz de arrebatarte la felicidad que él te da, porque tú sólo quieres esa felicidad. Yo no te haré sufrir más.

Justo cuando estoy por explotar en ira, los veo caminando por el parque, van tomados de la mano, en mi inconsciente me imagino en su lugar. Te veo sonreír y eso me da fuerzas para seguir. Lidiaré con mi impotencia, lidiaré con la soledad en la que estoy al no tenerte porque yo sólo deseo verte sonreír. Yo no puedo hacer el sacrificio que él hizo una vez por amor a ti, no soy tan fuerte. Yo no soy rival para él.

Tan solo seré tu mejor amigo, tu confidente, tu protector. Nunca tu amante. No puedo forzarte a que me ames, no suplicaré por tu amor. Por ti soportaré todo este dolor que magulla mi corazón.

Yo protegeré tu sonrisa.

Fui muy feliz porque te amé. Me rompiste el corazón de la manera más dulce posible.

sábado, 6 de febrero de 2010

Presentación

Hola, bienvenidos a Los Cuentos de Mar. 

Yo soy Mar, y cuento cuentos. Me gusta escucharlos, me gusta contarlos, me gusta escribirlos.

¿Alguien sabe qué es un cuento?

Cuando era niña, me dijeron que los cuentos no eran reales, que eran puras mentiras. Ahora que ya no soy tan niña, te digo que los cuentos existen, que los cuentos tienen vida, porque los cuentos son palabras, y la palabra es viva vida.
Muchos cuentos son sueños, muchos otros te hacen soñar.
Hay cuentos que hacen llorar, otros que traen felicidad.
Hay cuentos que dan miedo, otros que risas te dan.
Hay cuentos de todo tipo, colores, texturas y sabores. Porque los cuentos se pueden ver, se pueden tocar y se pueden saborear.
Pero lo más importante:
Hay cuentos de vida, y también hay cuentos de muerte.
Los míos son cuentos que salvan vidas...
¿Y la vida de quién han salvado?
Hasta ahora: La mía.

No quiero dejar de escribir, aunque la verdad, soy mejor leyendo que escribiendo. Acá entre nos, lo que más disfruto en la vida son las historias, las buenas historias, estén escritas o no. Como parte de mis ejercicios de escritura también compartiré opiniones sobre los libros que leo y algunos free writings (escrituras libres). Espero que podamos escribir juntos, leer juntos. Pasen bonito día.

Si llegaste hasta aquí, gracias. Si no, buena suerte.